Anceu village
Explorar sinergias creativas para nuestro coliving rural

Ahora mismo vivo en Anceu, como parte de su comunidad. A través del coliving y de mi trabajo en Eleven Yellow me hice amigo de Agustín, que había participado antes en un evento de makerspaces en Manchester, de la European Creative Hubs Network. Allí conoció a Tom, responsable de The Making Rooms, un makerspace en Blackburn. Agustín no paraba de hablar de lo inspirador que era Tom, de todo lo bueno que había hecho por Blackburn creando una comunidad creativa donde los makers se ayudan entre ellos.
Yo estaba en un momento en el que quería abrirme y probar cosas nuevas, más manuales pero con reto técnico. Sabiéndolo, Agustín me puso en contacto con Tom y me sugirió visitar el makerspace para inspirarme, ver cómo funciona todo y cómo lo había construido desde cero. La perspectiva de aprender cosas nuevas y emocionantes —impresión 3D, CNC, cerámica, textil, hacer pegatinas y camisetas con corte de vinilo— me atraía muchísimo. Parecía la oportunidad perfecta para salir de mi zona de confort y meterme en un centro creativo lleno de vida.

Descubrir el makerspace: un refugio de creatividad y oficio
Durante mi tiempo allí me metí de lleno en aprender. Trabajé bastante con impresoras 3D, explorando lo que pueden hacer, los tipos que hay y sus límites. Fue fascinante ver los diseños tomar forma capa a capa. También aprendí a soldar con placas PCB, entendiendo los riesgos y cómo hacerlo todo con seguridad, algo clave en electrónica. Otro momento destacado fue trabajar con la cortadora Cameo, una máquina capaz de cortar distintos tipos de vinilo. Aprendí a usar Inkscape para diseñar trazados vectoriales y luego pasarlos a pegatinas de vinilo y estampados de camiseta. Da mucha satisfacción ver tus diseños digitales convertidos en objetos.
Por primera vez probé a tejer y hice patrones simples, que fue a la vez un reto y algo relajante. Y, por supuesto, seguí con la cerámica, que se había convertido rápido en una pasión nueva.

Aprender de la gente de allí: una comunidad de talentos diversos
El corazón de la experiencia fue la gente que conocí. De Kim, ceramista con mucho talento que me introdujo en el proceso casi meditativo del torno, a los entusiastas de la tecnología que me desmontaron la complejidad de la impresión 3D: cada persona añadió una capa nueva a mi forma de entender lo que significa ser maker. La gente de allí no sólo tenía habilidad, sino una generosidad enorme con lo que sabía, con ganas de levantar a cualquiera que entrara por la puerta del makerspace.
Blackburn me dio más que una experiencia de aprendizaje: fue una inmersión en la cultura local y en su compañerismo. La calidez y el humor de la gente de Blackburn son contagiosos, y sus historias dibujaban una comunidad orgullosa de su herencia y abierta a compartirla con quien llega. Las aventuras culinarias, sobre todo la comida pakistaní —sorprendentemente picante—, fueron un extra encantador que le dio sabor a todo. Una excursión de un día a Manchester cerró la visita y me dejó con ganas de volver a explorar más de esta zona.
Este viaje al makerspace de Blackburn fue más que una salida educativa: fue un viaje profundo al corazón de la creatividad. Volví a Anceu más rico no sólo en habilidades, sino en amistades y en perspectivas. Al compartir estas historias con nuestra comunidad en Anceu, me acuerdo de la fuerza de la conexión y de las posibilidades infinitas que salen de compartir lo que nos apasiona. Sigamos inspirándonos e innovando juntos, construyendo una red que cruce ciudades y culturas.

Ver también: Nuestro taller con la ECHN