Anceu village

Hacker Days

Foto de grupo numerosa de adultos, niños y perros pequeños de pie y agachados sobre grava frente a un bosque oscuro

Gestión comunitaria del agua en Anceu: el prototipo que salió de Hacker Days

En septiembre de este año, Rural Hackers lanzó el proyecto Hacker Days, un espacio de innovación que combina residencia, hackathon y prototipado comunitario. La idea era dedicar una semana al año a trabajar junto a organizaciones, empresas y vecinos en soluciones tecnológicas para los retos del rural. Nuestro foco fue crear una herramienta de código abierto que facilite la gestión comunitaria del agua en aldeas como Anceu, donde esa tarea sigue recayendo en vecinas voluntarias, muchas de más de sesenta años.

Una veintena de personas posando juntas sobre hierba seca delante de muros de piedra antiguos y vegetación densa

El problema: una práctica valiosa en riesgo

Anceu no era un caso aislado. Miles de comunidades rurales pequeñas mantienen infraestructuras esenciales gracias al esfuerzo desinteresado de vecinos que, generación tras generación, leen contadores, detectan fugas, cobran cuotas y se aseguran de que el agua llegue a cada casa. En Anceu, Rosabel y Olga llevaban años haciendo ese trabajo: unas 400 lecturas de contador al año, más tareas técnicas y administrativas que, si se perdieran, encarecerían el servicio y debilitarían la autonomía de la comunidad.

El reto planteaba una pregunta simple pero potente: ¿qué pasaría cuando estas personas ya no pudieran hacer este trabajo?

La gestión comunitaria del agua requiere confianza, conocimiento local y capacidad de responder rápido a averías o a un mal uso. Sustituir ese sistema por un modelo de gestión privada habría sido fácil pero caro, y probablemente peor adaptado a la realidad de aquí. Por eso la misión de Hacker Days fue diseñar una herramienta que pudiera sostener la gestión comunitaria, mantener los costes bajos y permitir el relevo generacional.

La propuesta: una solución abierta, simple y replicable

Rural Hackers diseñó y prototipó una solución de código abierto en sólo una semana, automatizando aspectos clave: la lectura de contadores, la detección de fugas, la facturación y la comunicación. Con la sencillez suficiente para gente con niveles de alfabetización digital muy distintos. El objetivo era que la herramienta fuera replicable en hasta 1.500 comunidades con modelos de gestión parecidos.

Durante la semana intensiva del 1 al 7 de septiembre de 2025, el equipo combinó inmersión, diseño, prototipado y pruebas con la comunidad, con actividades que iban de reuniones informales en la Casa do Pobo a pruebas en condiciones reales, siguiendo la filosofía de Anceu Coliving, donde se cruzan experiencia, conocimiento y vida en común.

El enfoque de código abierto garantiza que cualquier concello, asociación de vecinos o cooperativa pueda adoptar, auditar y adaptar la solución sin depender de contratos comerciales. También facilita la colaboración entre desarrolladores, diseñadoras y mediadoras sociales que pueden mejorar la plataforma y compartir buenas prácticas entre aldeas.

Cómo trabajaron: metodología y equipos

Los primeros días se dedicaron a la inmersión local con Rosabel y Olga, y a mapear los procesos que ya existían. Después se formaron equipos multidisciplinares —ingeniería, diseño, UX/UI, comunicación, educación digital y mediación— para diseñar y construir los prototipos.

En el tramo final el foco pasó a probar con la comunidad, iterar rápido y hacer presentaciones públicas. El último día se entregó oficialmente el prototipo para su validación real en Anceu Coliving, un coliving rural. Esta estructura —inmersión, prototipo, prueba— refleja una filosofía de cocreación: escuchar, aprender y construir con la comunidad, para que las soluciones respondan a necesidades reales y a capacidades locales.

Componentes del prototipo

Aunque los detalles técnicos pueden evolucionar con las pruebas, la hoja de ruta incluye varios módulos clave:

  1. Autenticación y gestión de usuarios: plataforma con roles (gestoras, vecindario, administración) que respeta la privacidad y fomenta la participación colectiva.
  2. Lectura y registro de consumo: métodos semiautomáticos, con entradas manuales sencillas para personas mayores, junto a opciones automáticas (sensores IoT donde sea viable).
  3. Detección de fugas y avisos: reglas o algoritmos básicos para identificar consumos anómalos y avisar a quien corresponda.
  4. Facturación y transparencia: recibos claros e histórico de consumo, para que la comunidad entienda cómo se compone el coste.
  5. Comunicación y formación: materiales educativos y canales de aviso (SMS, WhatsApp, correo) para perfiles distintos.

Los perfiles que se buscaban incluían ingeniería para desarrollo web y back-end, diseño y UX/UI para interfaces claras y accesibles, comunicación para documentar y difundir el modelo, mediación para conectar con la realidad rural y agentes de digitalización para formar a quien lo use. Esa diversidad es clave: un buen prototipo no basta por sí solo; tiene que convertirse en una herramienta útil y adoptada.

Voluntariado, logística y ecosistema de apoyo

Durante Hacker Days 2025, quienes participaron no sólo tuvieron alojamiento, comidas y espacios de trabajo en el coliving, sino que también usaron la Casa do Pobo como coworking adicional, integrando diseño, prototipado y reuniones comunitarias en un entorno flexible y muy conectado con la vida de la aldea. Eso permitió que la experiencia de trabajo se mezclara con la inmersión en la cultura local.

Cada persona gestionó su propio transporte, lo que reforzó la autonomía y la responsabilidad personal dentro del proyecto. El equipo contó además con el apoyo de empresas tecnológicas y locales, que aportaron recursos, conocimiento y ayuda logística. Entre ellas, SiteGround tuvo un papel clave ofreciendo infraestructura tecnológica, soporte técnico y hosting, asegurando que el prototipo se pudiera desarrollar, probar y documentar con estabilidad y seguridad.

Esa combinación de voluntariado, apoyo institucional y colaboración privada hizo que la iniciativa fuera sostenible y escalable. Documentar el proceso era parte del objetivo: dejar registro para que otras comunidades puedan replicarlo.

Grupo de unas veinticinco personas adultas y criaturas con dos perros posando sobre grava frente a un bosque verde y denso

Impacto esperado: más allá de la tecnología

El impacto principal fue aliviar el trabajo de quienes gestionan el agua y asegurar la continuidad del modelo comunitario. Pero los efectos son más amplios: sociales, económicos y culturales.

  • Relevo generacional: las herramientas hacen posible que participe gente más joven, reduciendo la carga de las generaciones mayores e impulsando la transferencia de conocimiento.
  • Economía comunitaria: costes bajos y previsibles, evitando depender de operadores externos que podrían subir precios.
  • Fortalecimiento social: una digitalización acompañada que refuerza los vínculos al hacer más transparentes las decisiones y los gastos compartidos.
  • Replicabilidad rural: la estructura abierta del prototipo permite extenderlo a otras aldeas con características parecidas.

Retos superados

Conseguirlo no fue fácil. El proyecto se enfrentó a varios retos:

  • Accesibilidad digital: interfaces usables para personas mayores o con poca alfabetización digital, con procesos alternativos como lecturas asistidas.
  • Conectividad: modos sin conexión o semiconectados que sincronizan los datos cuando es posible.
  • Sostenibilidad técnica: hosting asequible, documentación accesible y formación del equipo local.
  • Gobernanza y confianza: la comunidad decide sobre sus datos y su infraestructura física, evitando dependencias externas.

Superar esos retos requirió no sólo desarrollo técnico, sino modelos de acompañamiento, formación continua y redes de apoyo, incluidas colaboraciones con entidades como Vivaces, que amplían la difusión y conectan con la sociedad civil.

Lecciones para el resto del país (y de Europa)

El enfoque de Hacker Days —residencia, hackathon y prototipado comunitario— ofrece una receta potente: pasar del diagnóstico al prototipo en una semana, y validarlo con la comunidad en los días siguientes. Este modelo puede inspirar a otras iniciativas, públicas o privadas, que quieran probar soluciones rurales rápido y con rigor.

La ética de código abierto y la documentación del proceso permiten crear un «kit de replicación» útil para otras localidades europeas con cooperativas o comunidades que gestionan servicios básicos, favoreciendo la autonomía y la sostenibilidad. Puedes ver el repositorio en GitHub.

Historias humanas: Rosabel y Olga, el corazón del proyecto

Todo proyecto tiene nombres, manos y vidas que lo hacen posible. En Hacker Days 2025, Rosabel y Olga fueron el corazón del reto. Mujeres que han dedicado años de su vida a cuidar el agua de la comunidad, asegurando que llegue a cada casa, que cada contador se lea y que las fugas se detecten a tiempo. Su compromiso no es sólo trabajo: es cuidado, responsabilidad y cariño por su aldea.

Escuchar sus historias nos recuerda que la continuidad de la gestión comunitaria es frágil sin herramientas accesibles. Por eso incluirlas desde la planificación hasta las pruebas del prototipo era esencial. Guiaron el diseño con su experiencia, validaron cada solución y ayudaron a que el proyecto respondiera de verdad a las necesidades del día a día. Cada sugerencia, cada corrección y cada historia que compartieron forma parte del sistema abierto que ahora se puede replicar en otras aldeas.

Rosabel y Olga nos enseñaron la importancia de la paciencia, de la observación y del valor del esfuerzo diario constante. Hacen de puente entre generaciones: mientras ellas transmiten sabiduría práctica, quienes participan más jóvenes aportan habilidades digitales y miradas frescas, transformando esas prácticas tradicionales en herramientas sostenibles y replicables.

Conclusión

Hacker Days 2025 demuestra que la innovación rural no sólo es posible, sino transformadora, y que la tecnología bien diseñada puede ser una aliada potente de la autonomía, la sostenibilidad y la cohesión social. Automatizando y facilitando la gestión comunitaria del agua, el proyecto agiliza procesos, protege un recurso vital, fortalece la economía local y crea oportunidades de transferencia de conocimiento entre generaciones.

El proyecto conecta generaciones de forma real: la gente joven aporta alfabetización digital, conocimiento técnico e ideas nuevas, mientras que las personas mayores comparten experiencia práctica, conocimiento histórico y lo que significa ser de aquí. Esa combinación crea un ecosistema vivo de colaboración, donde la tecnología la moldean la experiencia humana y las necesidades locales, en vez de imponerse desde fuera. Su filosofía abierta anima a replicar, a documentar bien y a aprender entre comunidades, para que otras aldeas puedan aprovechar soluciones ya probadas y adaptarlas a su contexto.

Ver también: Cómo empezó Rural Hackers