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Colivings rurales feministas: empoderar a las mujeres en una aldea

Un grupo de mujeres posando en un césped tras una pancarta pintada a mano que dice Xa non calamos, con montes y cielo azul detrás

Mi camino como feminista sigue abierto. No es algo que pase de golpe: va de trabajar cada día para mirar el mundo de una forma más igualitaria y para soltar ideas antiguas. Llevo diez años intentando ser feminista de forma consciente y animando a la gente de alrededor a hacer lo mismo. Los últimos cuatro los he pasado viviendo en Anceu Coliving, una aldea pequeña del norte de España con sólo 100 habitantes. Aquí estamos trabajando para que nuestra comunidad sea más feminista. Hoy cuento cómo lo hacemos y cómo estamos creando un espacio seguro donde todo el mundo se sienta bienvenido.

¿Cuál es el contexto feminista en una zona rural?

Viviendo en la aldea como mujeres nos hemos dado cuenta de algo interesante. Como aquí mucha gente se ha movido de un sitio a otro, eso en realidad ha ayudado a que las mujeres se empoderen. Nuestra aldea fue muy pobre en el pasado. Casi todo el mundo tuvo que marcharse a buscar oportunidades mejores, y quienes lo consiguieron fueron sobre todo hombres. Las que se quedaron fueron principalmente mujeres. Eso significó que ellas tuvieron que encargarse de todo en casa: la familia, la casa, las criaturas y las personas mayores.

Hoy todavía vemos algunos sesgos pequeños, como que suelen ser las mujeres las que cocinan para toda la aldea o las que gestionan las cocinas de la casa comunal. Son también las que más se implican en las actividades de la aldea y las que tienen un sentido de comunidad más fuerte. Tienen ganas de seguir aportando al bienestar del lugar.

En esta situación sabemos desde el principio que hay oportunidades para hacer nuestra aldea más feminista y para crear más posibilidades para todo el mundo. Con el apoyo de la comunidad, y en especial de las mujeres, creemos que podemos hacer cambios pequeños que ayuden a construir la aldea que soñamos: un sitio donde cualquiera pueda vivir en libertad.

La iniciativa The Break: emprendimiento feminista

Nuestros primeros esfuerzos para abordar las cuestiones feministas en la aldea salieron de una iniciativa europea llamada “The Break”. El programa acompaña a emprendedoras europeas a desarrollar sus proyectos durante una estancia de un mes en España, con el foco puesto en generar impacto positivo en la comunidad local.

“The Break” es un programa de becas de emprendimiento en España dirigido a mujeres residentes en la UE, con un valor que supera los 7.000 €. Financiado por la Unión Europea y desarrollado por la Escuela de Organización Industrial (EOI), está impulsado por The Break Alliance. Es un programa transformador de doce semanas que incluye un retiro de trabajo de 27 días en España, donde quienes participan se meten en actividades de innovación abierta para responder a retos locales. No sólo hacen crecer sus negocios: también colaboran, aprenden y se lo pasan bien con otras emprendedoras y con la gente de aquí.

A través de este programa vinieron a nuestra aldea 32 emprendedoras europeas, y juntas abordamos el reto del feminismo en varias fases.

Unas veinte mujeres sostienen una pancarta pintada a mano: «Xa non calamos, senón que berramos. O noso silencio non te protexe»

Primera fase: dar forma a los ideales feministas

Nuestra primera iniciativa durante la experiencia de The Break en Anceu fue elaborar el manifiesto feminista de la Casa do Pobo. La Casa do Pobo es un espacio público abierto a toda la ciudadanía. Es el sitio donde la gente de la aldea se junta para encuentros comunitarios: talleres, eventos de cocina y actividades de ocio. El espacio tiene dos zonas: una sala grande y una cocina amplia. Lo normal es que la cocina la gestionen las mujeres de la aldea. Queríamos repensar la esencia feminista de este espacio y, para hacerlo, decidimos colaborar con ellas para crear el manifiesto feminista del lugar.

Para conseguirlo organizamos sesiones de trabajo con las emprendedoras y un grupo de 16 mujeres de aquí. En un taller colaborativo formamos grupos de acción donde cinco emprendedoras se juntaban con una mujer de la aldea. Hicimos entrevistas personales sobre feminismo, con preguntas abiertas para sacar a la luz las fortalezas, los principios y las historias de las mujeres de Anceu.

Mujeres sentadas juntas en una sala de taller, una tendiendo la mano para sostener el brazo de otra, con apuntes y una pizarra al fondo

Segunda fase: bordar el feminismo en el rural

En ese mismo taller también profundizamos en el valor único de cada mujer de la aldea que participó en la iniciativa. Para hacerlo usamos el arte como herramienta de conexión, concretamente el bordado. Nos aliamos con la artista feminista Maritza para acompañar el proceso creativo.

Maritza es una artista mexicana que lleva varios años viviendo en Galicia. Es la fundadora de Bordadoras Feministas, un club de bordado feminista en Pontevedra. Usan el bordado como herramienta de transformación social y son un ejemplo destacado de activismo feminista en nuestro entorno.

Junto a ella creamos bordados sencillos a partir de fotografías de las mujeres de la aldea, donde cada emprendedora europea diseñó su propio patrón. Los bordados iban acompañados de postales pequeñas de papel que recogían algunos de los conceptos más relevantes del empoderamiento de las mujeres en la aldea.

Retrato enmarcado de una vecina junto a un dibujo bordado y un texto acróstico sobre Rosa, en un muro rojo y amarillo

Tercera fase: empoderamiento feminista a través del arte

Nuestro empoderamiento feminista continuó con la creación de un mural pictórico, otra vez en colaboración con Maritza. Esta vez dimos un paso más y pintamos un mural en el espacio comunal como metáfora de una ocupación feminista. Es decir: tenemos un mural que representa el feminismo en este espacio y la visión feminista de un mundo donde las mujeres son las que hacen que pasen mil cosas, sobre todo en nuestra aldea.

Una vez más participaron de forma colectiva todas las emprendedoras y las mujeres de la aldea. Esta vez se sumó también el bordado, creando siluetas que siguen presentes en el mural a día de hoy. Esas siluetas representan a las ocho mujeres que nos ayudaron en esta segunda ocasión. Se sabe que son ellas, pero al mismo tiempo la silueta representa un conjunto: el de las mujeres que tienen fuerza para seguir peleando por nuestra aldea feminista.

Aquí puedes ver algunas fotos del proceso.

Unas ocho mujeres pintando un mural floral de colores vivos en las paredes de una sala blanca, con el suelo cubierto de plástico